Día 8
No quiere volver a los círculos viciosos, a las noches pasadas por agua, a las sonrisas que se rompen, a los abrazos fríos. No quiere jugar más a este tira y afloja porque al final, ademas de caerse de culo en el barro se quemó las manos, que sabes que, la muy ilusa, las puso en el fuego por ti. Le costó demasiado encerrar la vulnerabilidad que le provocas cuando la miras en esa vieja maleta que está escondida en el fondo del armario y le aterra que, si lo vuelves a hacer, se vuelva a instalar en su cama. No sé si lo sabes, pero la pobre se tuvo que tragar el corazón a ver si la amenaza de ser disuelto por los jugos gástricos conseguía que dejara de hablar de ti. Y pese a eso tiene la lengua llena de cicatrices de todas las veces que se la tuvo que morder para que no se la oyera gritar desde su estomago.
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